Disculpa si molesto, si entorpezco en las sombras donde parece habitar últimamente mi consciencia y tus ganas.
Atraco la tienda de la despreocupación en un arrebato de necesidad, la ingiero como droga y voy caminando a tientas y sin rumbo.
Ebria de ilusión, viviendo en las alturas, luzco serena ante esta preocupante situación.
Y me va matando esta indolencia, y me va consumiendo la cobardía, hasta esta incompetente, de no dirigir los raíles de un destino que solo yo puedo decidir.
Mientras la lluvia canta su canción para que las nubes festejen, entre grandes abrazos, bailes amenos y pequeñas treguas de descanso. El cielo celebra y la lluvia lo acompaña con el radiante ritmo de aquellas gotas que caen sobre charcos, recuerdos de sintonías de felicidad que reposan sobre lo tangible,…
Por eso cuando llueve siempre me paro a pensar lo feliz que sería si pudiera caminar desde los pasos que ya una vez avanzaron cara unos propósitos concretos y palpables, como la gota en el charco, dejando rastro de sus logros que impulsan, en su regreso, el progreso e incremento de sus aspiraciones.
jueves, 18 de febrero de 2010
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